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La esquina del viento(No me gustan los llorones)

Posted in La esquina del viento on agosto 26, 2009 by bikerexcalibur

No me gustan los llorones
LO LEÍA EL OTRO DÍA EN ALGUNA PARTE, ALGUIEN SE QUEJABA. HACE TIEMPO TUVO QUE VENDER SU MOTO. ESCUCHABA EMBELESADO LAS HISTORIAS DE OTROS MOTORISTAS MÁS AFORTUNADOS Y RECONOCÍA, CON UN CIERTO AIRE DE AMARGURA: “… MIS HISTORIAS SABEN A RANCIAS, LAS VUESTRAS TIENEN EL SABOR DE LO NUEVO. NI SIQUIERA SÉ SI ALGÚN DÍA VOLVERÉ A TENER MOTO…” DA PENA ¿VERDAD? NUNCA ME HA GUSTADO ESCUCHAR A LA GENTE QUEJARSE. NO QUIERO QUE ESTA ESQUINA SE CONVIERTA EN UNA CRÍTICA Y TAMPOCO ME GUSTA PREDICAR, BÁSICAMENTE PORQUE YO ME MEO EN EL ESPÍRITU EVANGELIZADOR Y TENGO MUY CLARO NO ESTAR EN POSESIÓN DE LA VERDAD ABSOLUTA.

Entiendo que todos tenemos momentos bajos y que hay veces en las que moquear un poco puede consolar, pero sigue sin gustarme escuchar lloriqueos y peroratas, sobre todo porque estoy convencido de que no sirven absolutamente para nada. Conozco a personas muy afortunadas y a otras muy desgraciadas, pero en la mayoría de los casos su vida es consecuencia de la forma que ellos han elegido vivirla.
Según mi opinión ser motorista no es lo mismo que tener una moto, y por tanto, ser un biker no tiene por que ser una relación directa de ser propietario de una máquina de dos ruedas. Ser alto, bajo, canijo o feo, es algo que tienes impuesto en esta vida. Ser un llorón, un motorista, un campeón o un papanatas es algo que tú decides, sólo depende de la forma que tú decidas plantearte tu limitada existencia. Si de verdad te sientes motero, si te siguen temblando las pelotas cuando escuchas rugir un motor, si viajando en invierno y con lluvia, dentro de tu lata de sardinas, también echas de menos tu máquina, si tu libro favorito sigue siendo un mapa de carreteras, si estás convencido de que con nada estás mejor que con tu vieja chupa, no tienes nada de qué preocuparte. Si llevas las dos ruedas y el toro de Osborne tatuados por dentro del pellejo, el hecho de que ahora no tengas moto es sólo una cuestión de tiempo y dinero. Algo que antes o después vas a conseguir solucionar. Si decidiste vivir tu vida como un biker (y que cada uno entienda con esto lo que le salga de los cojones), ¿qué es lo que te asusta? ¿que se te olvide? Si por el contrario las motos para ti sólo fueron una época más en tu vida, algo que hay que pasar de joven como las paperas, tampoco entiendo a qué vienen tus quejas, siempre podrás soltarle a algún colega la manida frase “…yo también tuve moto pero…” y quedarte tan a gusto.
Para mí, como para muchos, ser biker no es algo que esté limitado al tiempo que pasas subido en tu moto. Te levantas siéndolo por la mañana y te acuestas sabiendo que lo sigues siendo cuando llega la noche. Quizás hayas pasado el día cerrando cajas en una fábrica, atendiendo clientes tras un mostrador o apretando cicotillos del buje en una fábrica de escupidores helicoidales, probablemente ni siquiera has tenido tiempo de bajar a verla al garaje, pero tú sigues siendo el mismo. La misma sangre corre por tus venas, el mismo corazón da golpes entre tus costillas y las mismas ideas rondan tu cabeza. Hoy no eres menos motorista que la semana pasada, cuando rodabas con tu hierro cansado y lejos de casa.
Si sales a la calle con cara de imbécil te tratarán como a un imbécil. Si no eres capaz de respetarte a ti mismo o a tu palabra, nadie lo va ha hacer. Si vives convencido de que eres un fracasado, no te quepa duda que llegarás a serlo y si te convences de que tu parienta te pone los cuernos, ten por seguro de que acabará haciéndolo. Mírate al jodido espejo, estudia lo que ves, decide quién eres y cuáles son tus objetivos, date una patada en tu puto culo y sal a la calle a coger lo que es tuyo. Elige tu futuro, maneja tu destino y si las cosas te salen mal, te jodes, pero no te pares a llorar. Levántate y comienza de nuevo. Y si por cualquier motivo no quieres hacerlo, al menos deja de lloriquear en el hombro de los demás, bájate los pantalones y espera a que todos los que pasen te vayan dando por el culo. Sé lo que quieras ser y no dejes que nadie te diga cómo tienes que serlo. Nadie ha hecho libre ni desgraciado a nadie. Cada uno ha hecho de sí mismo y de su vida lo que es, y si no te gusta, o lo cambias o te jodes. De todas formas os recuerdo que esta esquina no es más que mi opinión y que no tiene más valor que la de cualquier otro. De todas formas si he molestado a alguien espero que me disculpe …o no, …¡qué coño!, que no me disculpe y que le den.

“Tu cuerpo entero de extremo a extremo, no es más que tu propio pensamiento, en una forma que puedes ver. Rompe las cadenas de tu pensamiento, y romperás también las cadenas de tu cuerpo.”
Richard Bach, de su libro Juan Salvador Gaviota.

Mateo

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La esquina del viento(Cuídate compañero)

Posted in La esquina del viento on agosto 25, 2009 by bikerexcalibur

Cuídate compañero
HOY NO SE ME OCURRE NADA DIVERTIDO. Y ES UNA PENA, PORQUE DESPUÉS DE OJEAR LAS TRES O CUATRO ÚLTIMAS ESQUINAS ME HE DADO CUENTA QUE ÚLTIMAMENTE ANDO UN POCO “TRISTÓN” Y ME HABÍA DICHO A MÍ MISMO “VENGA MATEO, ESTE MES VAMOS A ESCRIBIR UNO DE ESOS ARTÍCULOS QUE LOS COLEGAS LEEN EN EL BAR ENTRE CERVEZAS Y CARCAJADAS”. PERO, SUPONGO, QUE CADA COSA TIENE SU MOMENTO, Y ESTE NO ES BUEN MOMENTO PARA REIR, AL MENOS A MÍ NO ME APETECE.

Mi hermano últimamente sale poco. El curro, las pelas, la parienta, ya sabes, lo de siempre. El último viernes decide hacer un hueco entre tanta penuria y venirse a tomar unos cubatas con los colegas. “¡Joder, qué alegría!, ¿dónde te metes?”. Unas cuantas copas, un buen rato contando batallitas y “me largo, que mañana salgo con el camión a las siete”. Hasta aquí, todo normal. No han pasado ni quince minutos cuando lo veo de vuelta. Los pantalones sucios, la camiseta rota y la cara descompuesta. ¿Pero qué te ha pasado? Nada, nada. No os preocupéis, una rotonda que se ha empeñado en echarme cojones y ya sabéis como soy yo para esas cosas. Media noche en la sala de espera de urgencias con los dedos cruzados para que el dolor de espalda sea solo eso y la Suzuki con la horquilla delantera junto a la matrícula. Bueno, pues al fin y al cabo no ha pasado nada, una semana doliéndole hasta las uñas y un par de meses de trasiego por los desguaces hasta que consigamos recomponer la dichosa Suzi.
Unos días después, todavía andamos de coña con la manía de mi dichoso hermano de acabar el solito con todas las rotondas que ha puesto el ayuntamiento, cuando vemos entrar la moto del Mono. Llevaba dos años quejándose de que su vieja Vulcan ya no podía con sus ciento veinte kilos. Después de muchas horas extra y firmar un buen puñado de letras, consiguió encargar una Guzzi 1100 nuevecita, un mes esperándola y míralo, es el tío más feliz del mundo. O al menos lo era hasta hace unos momentos. La Guzzi tiene exactamente el mismo aspecto que si le hubiese caído un trozo del Meteosat encima, y el Mono entra con los dos brazos vendados y cara de amargado. “¿Mono, como estas? ¿Qué ha pasado? Nada, nada, yo estoy bien. Ha sido un bordillo que se ha venido hacia mí, y bueno… ya ves.”.
La cosa está empezando a dejar de ser divertida, y en la esquina de la barra y apurando el resto de una jarra de cerveza ya caliente, no puedo evitar acordarme de Javier. No hace todavía un mes que cargó su moto para ir a pasar un fin de semana con sus colegas. De buenas a primeras un camión se cruzó en su camino y ya no volveremos a verlo. Así de sencillo, así de estúpido, así de sinsentido. No tengo ni puta idea si fue culpa del camión o suya y lo cierto es que me importa un carajo. No es que fuésemos los mejores amigos del mundo, apenas habíamos compartido algunas juergas, pero sé que era uno de los nuestros. Uno de los que cada mes se entretenía leyendo estas páginas que ahora tienes en las manos, uno de los que te podías encontrar en cualquier concentración del sur o del norte, uno de los había dedicado su vida a disfrutar de su moto, su chica y sus amigos. Siempre en la carretera, uno de los nuestros. Pues simplemente Javier ya no está. Seguramente habrá dejado a una chica desconsolada, a un montón de amigos destrozados y una mancha en la carretera. Sé que esto es parte de la forma de vida que nosotros mismos hemos elegido y sé que cualquiera de nosotros puede ser el próximo sin que ello nos quite las ganas de seguir rodando. Pero este mes, desde mi esquina, quiero mandar un mensaje muy claro
¡CUIDATE COMPAÑERO!, estoy harto de pasar noches en la puerta de urgencias con el corazón metido en el estómago y estoy empezando a estar hasta los cojones de tener que andar recordando a gente que debería estar aquí compartiendo conmigo esta jarra de cerveza. Quizás, sencillamente cada uno tenga su momento o quizás nos estemos haciendo más viejos. Sea lo que sea, a mí ya no me divierte.
Cuando le llegó la hora a mi amigo Salva, estábamos mosqueados. Dos días antes discutimos por alguna estupidez. De pronto alguien me dijo que Salva había muerto y enseguida me di cuenta de que ya no tendría tiempo de hacer las paces, de explicarle que aquella discusión fue una tontería y de que apreciaba su amistad por encima de esas gilipolladas. Hacedme el favor, cuidad de vosotros mismos y del que rueda a vuestro lado, y por si acaso no fuese bastante, vamos intentar disfrutar de lo que nos une y quitarle importancia a los que nos separa. Quizás mañana sea tarde para cualquiera de nosotros.

PD: Un abrazo fuerte y sincero para todos los Cherokee.

Por Mateo

La esquina del viento(Debería ser obligatorio)

Posted in La esquina del viento on agosto 24, 2009 by bikerexcalibur

Debería ser obligatorio
¿QUÉ TE VOY A CONTAR YO, QUE TÚ NO HAYAS OIDO YA? DOS CRÍAS LE REBANAN EL PESCUEZO A SU AMIGUITA PARA SALIR EN LA TELE. UN PADRE VIOLA A SUS DOS HIJITAS TRAS PASAR LA TARDE EN EL PARQUE CON ELLAS. UN NIÑATO PASA POR EL FILO DE SU ESPADA NINJA A TODA SU JODIDA FAMILIA PARA PARECERSE A UN KUNFÚ DE VIDEOJUEGO. UN PRINGAO DEJA ABIERTA LA BOMBONA DE BUTANO Y SE LLEVA PARA ADELANTE A DOS VECINOS POR QUE NO LE CAÍAN BIEN…

Hace un par de días un importante diario nacional publicaba un test para que las mamas sepan si su niñito es o no un psicópata.
— Vamos a ver Carlitos ¿cuando ves al Pokemon malo te dan ganas de sacarle los ojos con una cucharilla y mearte dentro para que le escueza?
— Zi mami, zi
— Y dime bonito mío, cuando papi está viendo el fútbol y te dice que te calles, te dan ganas de pasarle con tus patines de cuchilla por la nuez de la garganta?
— Zi mami, zi
… y así anda la cosa. Claro que si te paras a pensarlo, algo de razón sí que tienen. Tal y como marcha este jodido mundo, raro es el día en que no te dan ganas de pillar la de cazar perdices, recortarle los cañones y salir a la calle en plan Harry El Sucio.
Haber conseguido un puto contrato basura es ya una jodida suerte, el litro de gasolina a precio de cubata nacional, el sistema sanitario garantiza la depuración de la especie permitiendo sólo sobrevivir a aquellos especímenes capaces de soportar tres años en lista de espera para una operación de corazón urgente y sacrificando a los miembros más débiles que no hacen sino mermar nuestra capacidad de supervivencia.
Sacar un jodido préstamo es tan sencillo como vender tu alma al diablo, te prometen una satisfacción inmediata a cambio de una eternidad de sufrimiento. Los porteros no te dejan pasar a la disco de moda, las chatis no te hacen ni puto caso, tu equipo de fútbol baja a segunda, y por si fuera poco, a Silvia la han echado de la casa del gran hermano —por cierto, que no sabía yo que mi hermano el grande fuese tan famoso, ¡mira Manu, todo el mundo habla de ti!— Está claro: este mundo es una Puta Mierda y aquí no vale la pena vivir, hoy ya no me puede ir peor y mañana no creo que vaya a mejorar la cosa, de modo que sintiéndolo mucho, acabo de tomar una decisión drástica y estoy dispuesto a llevarme por delante a quien intente impedirme llevarla a cabo.
Entro en casa y cierro dando un portazo, tiro la ropa de trabajo, me meto una vieja camiseta, los vaqueros mas raídos y mi único par de botas. Las gafas de sol, el paquete de tabaco, mis últimos cincuenta duros y las llaves de la moto. Llego al garaje sin saludar a los vecinos, le quito el candado y arranco sin importarme un pijo que salte la alarma del Golf TDI que aparca al lado. Salgo a la calle, me soplo un semáforo en ámbar y enfilo directo a la salida de la ciudad que tengo más cerca, jurándome que hoy al menos me cargo a trescientos. ¡Joder, qué temperatura más buena! ¡Qué agradable conducir a esta hora que ya no hay tráfico! Cómo ruge mi nena, ¿me echabas de menos? Yo a ti también. Sigo durante un par de horas y antes de darme cuenta estoy de vuelta en la puerta del Loro Verde.
— Coño Mateo, qué contento se te ve ¿has tenido un buen día?
— Sí hombre, ¿por qué no?
— Echa un par de cañas y saca los dados, que todavía me quedan cincuenta duros.
Y así termina todo, y no he necesitado matar a nadie, no ha sido preciso coger la de cañones superpuestos, no he acabado con más vidas que las de los mosquitos que viajaban en dirección contraria y todo ha quedado atrás. Toda la mierda, todo el agobio y toda la frustración sencillamente han desaparecido. Te cuento esto porque supongo que igual que yo, tú conoces esta sensación y hoy, después de leer toda esa porquería de noticias, solo se me ha ocurrido una cosa: debería ser obligatorio. Si todos esos psicópatas, macarras aficionados y Terminators de un solo telediario hubiesen salido a dar una vuelta en moto se les habría pasado la mala hostia o al menos estoy seguro que hubiesen encontrado un motivo para seguir viviendo, y sobre todo, para dejar vivir a los demás. Cuando la boñiga te llegue hasta el cuello, cuando no sepas cómo salir del agujero de tu vida, piensa que es obligatorio, que no te queda mas cojones que salir a dar una vuelta sobre tu hierro. Cuando vuelvas llámame y cuéntame como te ha ido. A mí me funciona.

Mateo

La esquina del viento(Los palacios de la memoria)

Posted in La esquina del viento on agosto 23, 2009 by bikerexcalibur

Los palacios de la memoria
“El doctor LECTER era capaz de aislarse de la situación; y es capaz de hacer que todo desaparezca de su alrededor. Los ruidos, la incomodidad, el dolor, todo lo que le rodea. Como tantas veces en su celda, cierra los ojos y busca la tranquilidad en su palacio de la memoria, un lugar irreprochablemente hermoso. El palacio de la memoria era un sistema mnemotécnico bien conocido por los sabios del mundo antiguo, que lo aprovechaban tanto para preservar en sus mentes un enorme acopio de información, como para retirarse a él y disfrutar cuando las circunstancias les eran desfavorables. En él ha pasado años rodeado por sus magníficas colecciones de arte, mientras su cuerpo yacía inmovilizado en el corredor de los violentos, donde los alaridos hacían vibrar los barrotes como si fueran el arpa del infierno.”
Thomas Harris, de su libro HANNIBAL.

Si te detienes a pensarlo, todo esto no es tan raro. ¿Quién de nosotros no deja que se le vaya el santo al cielo cuando las cosas no van demasiado bien a nuestro alrededor? No hace falta ser ningún sabio del mundo antiguo para embelesarte pensando en las tetas de Pamela Anderson mientras el gilipollas de tu jefe te pega la bronca de la semana. ¿Acaso no has recordado nunca, mientras vuelves a casa muerto de frío en tu moto el último fin de semana que pasaste en la playa tomando el sol con una gran cerveza en la mano? ¿Cuántas veces sentado en el sofá de casa has recordado aquella tarde que pasaste con tus colegas cambiando el guardabarros trasero de tu burra? ¿Cuántas horas de clase pasaste haciendo garabatos en un papel e imaginando que le metías mano a la rubita de la segunda fila? Supongo que quizás con los años muchos de vosotros habréis dejado de practicar esta singular forma de relajación pero, por el contrario, otros cada vez la usamos con mas frecuencia.
Y seguramente a estas alturas te estarás preguntando a cuento de qué coño te largo todo este rollo. No te preocupes, no me he vuelto psicoanalista, filosofo, ni siquiera maricón, sólo os quería contar que cuando estoy hasta los mismísimos cojones, cuando nada me sale bien, cuando no tengo un puto duro, cuando la moto esta jodida, en fin, cuando todo lo que me rodea es una auténtica mierda y sencillamente sé que lo único que puedo hacer para mejorarlo es esperar a que lleguen tiempos mejores… pues bien, en esos momentos me gusta sentarme a pensar. Me voy a mi palacio de la memoria, pero el mío no esta lleno de obras de arte, ni siquiera de tetas enormes.
Según se entra en la primera habitación de la derecha, tengo el recuerdo de una mañana de Julio. A más de novecientos kilómetros de casa, mi moto, mi chica y equipaje para hacer noche en cualquier sitio. Se trata de una carretera de montaña con suaves curvas, el paisaje es completamente verde y salpicado de pequeñas casas con balcones de madera vieja pintados de colores. La moto ronronea de gusto entre mis piernas haciéndome saber que ella también está disfrutando. A pesar de estar en verano el aire de la montaña es bastante frío y me pega en la cara borrando cualquier seña de la pasada noche. Después de algunos kilómetros paramos en una mesa de piedra que hay en una pequeña zona de descanso a la izquierda y nos sentamos a comer un trozo de queso y pan que compramos en el pueblo de abajo. Seguramente tenemos toda la pinta de un anuncio de chocolate suizo pero, ¿y a mí qué mierda me importa? La suave carretera, con sólo dos carriles y poco tráfico, sigue subiendo. Las curvas se suceden de una forma suave que me permite tomarlas enlazando el final de una con el principio de otra. Algunos kilómetros más arriba paramos a tomar café en uno de esos pueblos que parecen seguir viviendo en un tiempo pasado. Nadie me esta esperando y yo no tengo prisa por llegar a ninguna parte. Esta carretera, mi carretera, se encuentra en algún punto entre Roncesvalles y el Valle del Baztán. Y aunque ahora no lo recuerdo exactamente, tampoco me importa. Puedo disfrutarla como si estuviese allí ahora mismo.
Ya no escucho a mi jefe, ahora mismo no recuerdo si tengo o no la moto averiada y me la suda si ando bien o mal de pelas. Ahora ruedo sencillamente disfrutando de lo que tengo y no pienso en nada más. Mi palacio tiene más habitaciones y en cada una de ellas guardo un recuerdo agradable que reservo para el momento que más falta me hace.
Supongo que todo esto no debe de interesarle a nadie pero hoy he querido compartirlo contigo y animarte a que, si no lo tienes ya, te construyas tu propio rincón lleno recuerdos cojonudos y así la próxima vez que te veas hasta las pelotas tengas donde ir para que nadie te moleste.

Por Mateo

La esquina del viento(De Camino)

Posted in La esquina del viento on agosto 22, 2009 by bikerexcalibur

De Camino
CARRETERA NACIONAL, BUEN TIEMPO Y TODO UN FIN DE SEMANA POR DELANTE. MIRO POR EL RETROVISOR Y VEO A MI COLEGA DAVID, EMBUTIDO EN SU ROJA CAZADORA (RÉPLICA EDI LAUSON) QUE COMPRAMOS JUNTOS EN ANDORRA CUANDO AÚN NO NOS SALÍAN PELOS EN LA BARBA Y TODOS PESÁBAMOS UNOS QUINCE KILOS MENOS. EL MUY CABRÓN NO DEJA DE HACERME SEÑAS CON LA MANO. YA SABES ESA TÍPICA SEÑAL DE “¿SÉ PUE’ SABER CUÁNDO COÑO VAMOS A PARAR PA’ FUMAR UN CIGARRITO?” “TRANQUILO QUILLO…” “NI TRANQUILO, NI HOSTIAS, QUE HACE CUARENTA KILÓMETROS QUE TENGO EL GAZNATE SECO”.

Se impone parada de emergencia, afortunadamente, tras un par de curvas aparece un cartelito: estación de servicio. La VFR de mi socio pasa como un puto relámpago por mi izquierda con el intermitente derecho encendido en un inequívoco signo de que no está dispuesto a hacer ni un solo metro más sin remojarse la panza con un zumo de cebada. Es una de esas estaciones de servicio nuevas en las que tú mismo te pones la sopa que más te interese y después te acercas al fulano de la ventanita para abonar la multa, lo cual resulta la mar de práctico. Sobre todo para el dueño de la gasolinera que se ha ahorrado un par de sueldos, pero hay que ser positivo, seguro que no lo ha hecho con la intención de enriquecerse, sino para poner el carburante un poco mas barato. Una vez pagado el combustible, toca encender el cigarrito y dar una vuelta curioseando. ¡Joder que cantidad de gilipolladas! Todo queda perfectamente dispuesto, como en un hipermercado. Aquí la prensa, allí los pañuelos de papel, compresas, peines, cepillos de dientes, etc. Mas allá las herramientas: un juego de llaves allen, par de fusibles por quinientas pelas, los ambientadores y muchas bayetas. En el mostrador, junto a la caja, las cosas para entretenerse: chicles, condones y tabaco. Absolutamente todo envuelto en plástico transparente, todo frío e inútil. Incluso la comida, algunos sandwich de huevo duro y no sé qué mierda que puedes meter en un microondas que hay cerca.
— Vámonos de aquí tío.
— ¿Se puede saber qué mosca te ha picado?
— No pasa nada socio, pero vámonos, vamos a un bar de carretera. A uno de esos que tienen un letrero en la puerta que dice “Venta El Frondosillo” o algo así y debajo pone “Venta de quesos, comida casera, camas, venta de hielo, recuerdos de Zamora, artesanía popular, etc.” Vamos, a uno de esos en los que al entrar huele a bocadillo de calamares. Uno de esos que tienen expositores de casettes con los grandes éxitos de Rafael Farina, la colección completa de Diango, de esos que tienen junto al muestrario de navajas de Albacete un expositor de llaveros con calaveras que se mueven, fetos en un bote con líquido, junto a las medallas del Rocío y los llaveros del Depor. Vamos a uno de los que tienen un mostrador sucio atendido por un camarero grasiento y lleno vitrinas de cristal con pegatinas medio arrancadas y amarillentas, repletas de pinchos de tortilla, chistorras picantes y ensaladilla rusa con aspecto de haberla traído andando desde Rusia. Quiero una caña mientras miro las fotos del dueño del bar dándose la mano con El Cordobés que un día que comió allí, las de la boda de una señora, que no sé quien es, pero tuvo el coraje de celebrarla en ese sitio, y las de tres camioneros barrigudos delante de sus Pegaso Troner aparcados en la puerta.
¡Joder un bar de carretera hostia! Tampoco estoy pidiendo una gran cosa. Quiero entretenerme mientras estoy en el servicio leyendo la puerta, ya sabes eso de «Aquí cagó uno de Salamanca» o lo de «Mea contento pero mea dentro». O aquello otro de «si quieres follar gratis llama al 977-8888888» (que seguro que es el teléfono de la mujer de su jefe). Un bar de esos que tienen las estanterías rellenas de botellas de anís, coñac y la botella de resoli con la forma de las casas colgantes de Cuenca, amarillenta del tiempo que lleva sin moverse de su sitio. Joder un bar coño, un bar.
— Desde luego, cada día estás mas raro, pero bueno… vámonos.
No hemos hecho ni siete kilómetros y entramos en “Casa Palitos”, donde nada más atravesar la puerta que tiene una cortinilla de tiras de plástico que llegan hasta el suelo, la gorda camarera nos dice “ajonde vais con las amotos, deluego questais locos, ¿sos hago un bocaillo de mejillones?.” Coño esto es otra cosa, ves tú, aquí me siento como en casa. ¡Qué le vamos a hacer!, a cada uno le gusta lo que le gusta.

Por Mateo

La esquina del viento(La ITV)

Posted in La esquina del viento on agosto 21, 2009 by bikerexcalibur

La ITV
AMUNDSEN, EXPLORADOR NORUEGO, PISÓ EN 1911 EL POLO SUR. PIZARRO, SOLDADO ESPAÑOL, CONQUISTÓ EN 1524 PERÚ. ULISES, REY DE ÍTACA, VENCIÓ A LOS DIOSES CONTRA ÉL CONJURADOS DURANTE LA ODISEA. MATEO, UN SERVIDOR, A DÍA DE HOY… HA CONSEGUIDO PASAR LA I.T.V.

Todo aquel que no considere este hecho como una auténtica odisea digna de pasar a los anales de la historia, es sencillamente por que aún no se ha visto atravesando uno de estos temibles túneles del terror para motoristas aficionados al custom.
Mi pesadilla, como la de muchos de vosotros supongo, comenzó sencillamente el día en que nací y la enfermera le dijo a mi madre “Enhorabuena Sra., ha tenido usted un pobre” y desde ese mismo día subsisto como puedo, sin un duro en el bolsillo y dejando fiado en todas partes. Por si fuese poco me aficioné a las motos (ya me podía haber dado por los cromos). Pues una cosa llevó a la otra y con el tiempo conseguí hacerme con una máquina maravillosa (al menos para mis ojos), pero eso sí, hace ya demasiado tiempo y tengo que reconocer que la pobre, a los ojos de cualquiera que no la mire con cariño simplemente parece un cacharro viejo y con demasiados kilómetros. Pero nada de esto ha sido nunca un problema para mí. Cuando necesita un arreglo se le hace y punto, además un motor que está continuamente envuelto en aceite no se puede estropear.
Mi tragedia comenzó hace unos cuatro años cuando los hombrecillos verdes me retiraron la documentación por no tener pasada la jodida ITV. Aquello fue terrible, casi prefiero no acordarme, mis tijas anchas no valían, no llevo claxon, ni intermitentes, ni cuenta-kilómetros, los escapes no están homologados, el faro no vale, etc, etc. Pasé unos dos meses en el taller colocando piezas prestadas por los amigos para poder recuperar mi documentación. Después de aquello debería haber vuelto dos años después (es decir hace dos años) pero, sencillamente, me he negado. La historia se repite y el amable agente al cuidado del orden de las carreteras me entrega un documento que dice que tengo diez días para pasar la ITV y así recuperar la documentación de mi moto.
Sin ni siquiera lavarla, me dirijo al “castillo del miedo” sin saber bien si agarrar por el pescuezo al ingeniero de turno o llorar en su hombro para que no me ponga muchos defectos. Y allí estaba yo, pasándole la mano por el lomo a mi moto y susurrándole que no se preocupase, cuando veo al tipo en cuestión que, con su mono azul y mirándome de reojo, se acerca a mi máquina. Sin ni siquiera molestarse en saludar, la mira por un lado, la mira por el otro y se lleva una mano a la barbilla. Me tiemblan hasta las costillas. Tras unos interminables segundos de silencio parece que se decide ha hablar… “Hostias tío, ¡qué pasada de máquina, es guapísima.!” Yo creo que me he meado en los pantalones. “No sabes cómo me gustan estas motos. Joder y qué bien suena. Si incluso vibra el suelo… Ya veo que no llevas cuentakilómetros, pero seguro que a esta moto no le hace falta…” Y así siguió un rato más hasta entregarme el documento que indicaba “INSPECCIÓN FAVORABLE”.
Os juro que no soy maricón, pero estuve a punto de darle un beso con lengua. Y de esta forma, y al menos durante otros dos años, conseguí salvar mi moto y salir del “terrible túnel del pánico” rezando para que ese amable operario no se jubile al menos durante otros veinte años.

Por Mateo

La esquina del viento(Manual de conducción en situaciones extremas. Parte II)

Posted in La esquina del viento on agosto 20, 2009 by bikerexcalibur

Manual de conducción en situaciones extremas. Parte II
AQUELLOS DE VOSOTROS QUE SIGAIS HABITUALMENTE ESTA ESQUINA, QUIZÁS RECORDEIS AQUELLA PRIMERA ENTREGA DEL MANUAL DE AVERÍAS EN CARRETERA. BIEN, ESTE MES PRETENDEMOS COMPLETARLO OFRECIENDOOS ALGUNAS SUGERENCIAS PARA AQUELLOS CASOS EN QUE LA CONDUCCIÓN DE VUESTRA MOTOCICLETA PASE A SER MÁS DIFÍCIL QUE SACAR UNAS OPOSICIONES DE NOTARIO SIN ESTUDIOS PRIMARIOS.

Debido a lo extenso del tema trataremos de tocar sólo alguno de los casos más frecuentes y de exponer con claridad algunas de las soluciones prácticas obtenidas con la experiencia y que han ofrecido mejores resultados.

Caso 1: SUEÑO. ¿Te has visto alguna vez conduciendo tu motocicleta con más sueño que un camión de muñecos? ¿Se te cierran los ojos?, ¿comienzas a ver en la carretera cosas que no existen? (la vaca de Milka adelantándote, un camarero que, a 120 km/h y servilleta en brazo te pregunta, ¿qué deseas tomar?). No cabe duda: te estás durmiendo. Soluciones: Visera abierta, mordiscos en la lengua, bofetadas esporádicas, cantar a grito pelado alguna vieja canción de Leño. ¿No funciona?, parada de emergencia para tomar cuantos cafés seas capaz de ingerir sin cagarte. ¿Tampoco hace efecto? Acudiremos al remedio absoluto. Para en una gasolinera separado de los surtidores, saca las herramientas de la moto, elige una al azar, ponla en tu mano y túmbate junto a la moto como si buscases una avería A continuación, duerme hasta que se pase el sueño.

Caso 2: NO SE VE UN PIJO. La niebla, la nieve, el agua, la noche o la visera empañada no te dejan ver nada en absoluto. ¿No tienes ni idea de si vas o no por tu carril?, ¿dudas si acabas de pasar por las afueras de Barcelona o simplemente junto a una gasolinera? No cabe duda, no ves. Existen varios sistemas de navegación de efectividad suficientemente probada tales como un GPS, un astrolabio o la simple contemplación de la Osa Mayor, pero debido a su complejidad los vamos a sustituir por uno mucho más casero y efectivo. En primer lugar no te agobies. Para en el arcén, espera hasta que pase un vehículo con unas buenas luces traseras y que no circule demasiado deprisa, lánzate tras él, y sobre todo y lo más importante, reza. No olvides solicitar en tus plegarias que el conductor del vehículo que sigues esté en mejores condiciones que tú y que se dirija al mismo destino. Si se dirige a otro sitio no te preocupes, España entera es bonita.

Caso 3: BORRACHO. ¿Estás comenzando a notar la curvatura de la tierra? ¿Al subir a la moto te has caído por el otro lado? ¿Por más que introduces las llaves de casa en la salida del escape tu moto no arranca? No cabe duda: estás borracho. En primer lugar no te preocupes, eso no es malo hoy (probablemente lo sea mañana, pero eso ya lo resolverás mañana). Toma cinco cafés solos dobles seguidos, mete la cabeza bajo el agua y después en el congelador. ¿No resulta? Busca algún amigo que esté peor que tú y diles a todos que te vas en taxi para no dejarlo solo. ¿Tus amigos están bien? Busca una gorda amable y convéncela para pasar la noche en su coche/casa. ¿No hay gordas? Acércate a tu moto sin que te vean, quita alguna pieza tipo fusibles, bujías o mejor las dos cosas. Inmediatamente empieza a maldecir al “hijodeputa” que te ha tocado la moto mientras llamas a la grúa o a un taxi. Si de todas formas has decido coger la moto recuerda que siempre es mejor vomitar por el lado izquierdo y levantando el brazo (el olor a vomitona no se va del cuero).

En próximas entregas tocaremos temas tan interesantes como la conducción con frío extremo, almorranas peleonas, etc. No obstante confiamos en que os sirvan de ayuda para futuras ocasiones en que os veáis con problemillas. Y recordad estos dos principios básicos: cuando ni tu mismo te creas que puedes conducir, es que no puedes, y si puedes échale la culpa a alguien, no es culpa tuya.

Por Mateo