La esquina del viento(Cuídate compañero)

Cuídate compañero
HOY NO SE ME OCURRE NADA DIVERTIDO. Y ES UNA PENA, PORQUE DESPUÉS DE OJEAR LAS TRES O CUATRO ÚLTIMAS ESQUINAS ME HE DADO CUENTA QUE ÚLTIMAMENTE ANDO UN POCO “TRISTÓN” Y ME HABÍA DICHO A MÍ MISMO “VENGA MATEO, ESTE MES VAMOS A ESCRIBIR UNO DE ESOS ARTÍCULOS QUE LOS COLEGAS LEEN EN EL BAR ENTRE CERVEZAS Y CARCAJADAS”. PERO, SUPONGO, QUE CADA COSA TIENE SU MOMENTO, Y ESTE NO ES BUEN MOMENTO PARA REIR, AL MENOS A MÍ NO ME APETECE.

Mi hermano últimamente sale poco. El curro, las pelas, la parienta, ya sabes, lo de siempre. El último viernes decide hacer un hueco entre tanta penuria y venirse a tomar unos cubatas con los colegas. “¡Joder, qué alegría!, ¿dónde te metes?”. Unas cuantas copas, un buen rato contando batallitas y “me largo, que mañana salgo con el camión a las siete”. Hasta aquí, todo normal. No han pasado ni quince minutos cuando lo veo de vuelta. Los pantalones sucios, la camiseta rota y la cara descompuesta. ¿Pero qué te ha pasado? Nada, nada. No os preocupéis, una rotonda que se ha empeñado en echarme cojones y ya sabéis como soy yo para esas cosas. Media noche en la sala de espera de urgencias con los dedos cruzados para que el dolor de espalda sea solo eso y la Suzuki con la horquilla delantera junto a la matrícula. Bueno, pues al fin y al cabo no ha pasado nada, una semana doliéndole hasta las uñas y un par de meses de trasiego por los desguaces hasta que consigamos recomponer la dichosa Suzi.
Unos días después, todavía andamos de coña con la manía de mi dichoso hermano de acabar el solito con todas las rotondas que ha puesto el ayuntamiento, cuando vemos entrar la moto del Mono. Llevaba dos años quejándose de que su vieja Vulcan ya no podía con sus ciento veinte kilos. Después de muchas horas extra y firmar un buen puñado de letras, consiguió encargar una Guzzi 1100 nuevecita, un mes esperándola y míralo, es el tío más feliz del mundo. O al menos lo era hasta hace unos momentos. La Guzzi tiene exactamente el mismo aspecto que si le hubiese caído un trozo del Meteosat encima, y el Mono entra con los dos brazos vendados y cara de amargado. “¿Mono, como estas? ¿Qué ha pasado? Nada, nada, yo estoy bien. Ha sido un bordillo que se ha venido hacia mí, y bueno… ya ves.”.
La cosa está empezando a dejar de ser divertida, y en la esquina de la barra y apurando el resto de una jarra de cerveza ya caliente, no puedo evitar acordarme de Javier. No hace todavía un mes que cargó su moto para ir a pasar un fin de semana con sus colegas. De buenas a primeras un camión se cruzó en su camino y ya no volveremos a verlo. Así de sencillo, así de estúpido, así de sinsentido. No tengo ni puta idea si fue culpa del camión o suya y lo cierto es que me importa un carajo. No es que fuésemos los mejores amigos del mundo, apenas habíamos compartido algunas juergas, pero sé que era uno de los nuestros. Uno de los que cada mes se entretenía leyendo estas páginas que ahora tienes en las manos, uno de los que te podías encontrar en cualquier concentración del sur o del norte, uno de los había dedicado su vida a disfrutar de su moto, su chica y sus amigos. Siempre en la carretera, uno de los nuestros. Pues simplemente Javier ya no está. Seguramente habrá dejado a una chica desconsolada, a un montón de amigos destrozados y una mancha en la carretera. Sé que esto es parte de la forma de vida que nosotros mismos hemos elegido y sé que cualquiera de nosotros puede ser el próximo sin que ello nos quite las ganas de seguir rodando. Pero este mes, desde mi esquina, quiero mandar un mensaje muy claro
¡CUIDATE COMPAÑERO!, estoy harto de pasar noches en la puerta de urgencias con el corazón metido en el estómago y estoy empezando a estar hasta los cojones de tener que andar recordando a gente que debería estar aquí compartiendo conmigo esta jarra de cerveza. Quizás, sencillamente cada uno tenga su momento o quizás nos estemos haciendo más viejos. Sea lo que sea, a mí ya no me divierte.
Cuando le llegó la hora a mi amigo Salva, estábamos mosqueados. Dos días antes discutimos por alguna estupidez. De pronto alguien me dijo que Salva había muerto y enseguida me di cuenta de que ya no tendría tiempo de hacer las paces, de explicarle que aquella discusión fue una tontería y de que apreciaba su amistad por encima de esas gilipolladas. Hacedme el favor, cuidad de vosotros mismos y del que rueda a vuestro lado, y por si acaso no fuese bastante, vamos intentar disfrutar de lo que nos une y quitarle importancia a los que nos separa. Quizás mañana sea tarde para cualquiera de nosotros.

PD: Un abrazo fuerte y sincero para todos los Cherokee.

Por Mateo

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