La esquina del viento(La ITV)

La ITV
AMUNDSEN, EXPLORADOR NORUEGO, PISÓ EN 1911 EL POLO SUR. PIZARRO, SOLDADO ESPAÑOL, CONQUISTÓ EN 1524 PERÚ. ULISES, REY DE ÍTACA, VENCIÓ A LOS DIOSES CONTRA ÉL CONJURADOS DURANTE LA ODISEA. MATEO, UN SERVIDOR, A DÍA DE HOY… HA CONSEGUIDO PASAR LA I.T.V.

Todo aquel que no considere este hecho como una auténtica odisea digna de pasar a los anales de la historia, es sencillamente por que aún no se ha visto atravesando uno de estos temibles túneles del terror para motoristas aficionados al custom.
Mi pesadilla, como la de muchos de vosotros supongo, comenzó sencillamente el día en que nací y la enfermera le dijo a mi madre “Enhorabuena Sra., ha tenido usted un pobre” y desde ese mismo día subsisto como puedo, sin un duro en el bolsillo y dejando fiado en todas partes. Por si fuese poco me aficioné a las motos (ya me podía haber dado por los cromos). Pues una cosa llevó a la otra y con el tiempo conseguí hacerme con una máquina maravillosa (al menos para mis ojos), pero eso sí, hace ya demasiado tiempo y tengo que reconocer que la pobre, a los ojos de cualquiera que no la mire con cariño simplemente parece un cacharro viejo y con demasiados kilómetros. Pero nada de esto ha sido nunca un problema para mí. Cuando necesita un arreglo se le hace y punto, además un motor que está continuamente envuelto en aceite no se puede estropear.
Mi tragedia comenzó hace unos cuatro años cuando los hombrecillos verdes me retiraron la documentación por no tener pasada la jodida ITV. Aquello fue terrible, casi prefiero no acordarme, mis tijas anchas no valían, no llevo claxon, ni intermitentes, ni cuenta-kilómetros, los escapes no están homologados, el faro no vale, etc, etc. Pasé unos dos meses en el taller colocando piezas prestadas por los amigos para poder recuperar mi documentación. Después de aquello debería haber vuelto dos años después (es decir hace dos años) pero, sencillamente, me he negado. La historia se repite y el amable agente al cuidado del orden de las carreteras me entrega un documento que dice que tengo diez días para pasar la ITV y así recuperar la documentación de mi moto.
Sin ni siquiera lavarla, me dirijo al “castillo del miedo” sin saber bien si agarrar por el pescuezo al ingeniero de turno o llorar en su hombro para que no me ponga muchos defectos. Y allí estaba yo, pasándole la mano por el lomo a mi moto y susurrándole que no se preocupase, cuando veo al tipo en cuestión que, con su mono azul y mirándome de reojo, se acerca a mi máquina. Sin ni siquiera molestarse en saludar, la mira por un lado, la mira por el otro y se lleva una mano a la barbilla. Me tiemblan hasta las costillas. Tras unos interminables segundos de silencio parece que se decide ha hablar… “Hostias tío, ¡qué pasada de máquina, es guapísima.!” Yo creo que me he meado en los pantalones. “No sabes cómo me gustan estas motos. Joder y qué bien suena. Si incluso vibra el suelo… Ya veo que no llevas cuentakilómetros, pero seguro que a esta moto no le hace falta…” Y así siguió un rato más hasta entregarme el documento que indicaba “INSPECCIÓN FAVORABLE”.
Os juro que no soy maricón, pero estuve a punto de darle un beso con lengua. Y de esta forma, y al menos durante otros dos años, conseguí salvar mi moto y salir del “terrible túnel del pánico” rezando para que ese amable operario no se jubile al menos durante otros veinte años.

Por Mateo

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