La esquina del viento(No sé explicarlo)

No sé explicarlo
Llega esa época del año en la que me lo paso “putamadre”. Preparar unas vacaciones es lo más divertido que he hecho en mi vida (con los pantalones puestos), no importa lo que esté haciendo: trabajando, comiendo, duchándome (las menos veces) o haciendo el amor (aproximadamente una tercera parte de las veces que me ducho). Mi mente está organizando un viaje, rebuscando en mapas mil veces sobados, preguntándome por rutas (¡ojo!, he dicho rutas con ‘r’), alojamientos, lugares de interés (bares económicos) y haciendo mil cábalas con las cuatro putas perras de la escuchimizada paga extra. El caso es que me lo paso igual de bien preparando las vacaciones que cuando las estoy disfrutando.
Pues en ello estaba el otro día cuando se acercó un compañero de curro (que debía estar igual de ocupado que yo) y empezó a interesarse por el tema.

— Vamos a ver Mateo. Sólo para ver si yo me entero. Me dices que tienes un par de semanas, cuarenta duros y mucha ilusión, pero que tus planes de vacaciones incluyen: recorrer seis mil kilómetros, un par de traslados en ferry, comida, alojamiento, visitas turísticas, bebida y tabaco (teniendo en cuenta, que tú gastas en tabaco al mes, el presupuesto de una familia de ocho miembros para una año, incluyendo la comunión de dos de los niños). Mira joven, o me dices que eres Juan Tamariz y que tienes la capacidad de sacar de un sombrero de copa un enorme conejo blanco con el culo relleno de billetes de mil duros, o sencillamente te vas a joder y a quedarte en tu puta casa.
— Yo sé que no es fácil ‘caradeotro’, por eso tengo que hacer tantas cuentas y tantos planes. Pero mira… He pensado que quizás me llegue la pasta si paro el motor bajando cuestas para ahorrar gasolina y sólo como bocadillos de mortadela (sin aceituna ni nada).
— ¡Que no hombre, que no! ¿Pero por qué no pruebas a ir en avión como todo el mundo? Cuando llegues allí te puedes alquilar un carro baratito o a lo mejor incluso una moto…

Y ahora es cuando no sé explicarlo. Sé perfectamente que lo que me está diciendo es lógico y además tiene toda la razón. Sólo con sumar los traslados de la máquina y la gasolina, tendría dinero suficiente para pagarme un billetito de primera en avión y probablemente me sobraría algo, pero ¿y qué coño hago yo por ahí sin mi moto? ¿Y para qué mierda quiero llegar a un sitio con un precioso paisaje con carreteras secundarias llenas de curvas y rodeadas de un maravilloso paisaje verde, si lo tengo que recorrer en autobús?
— Sé que hay miles de personas que viajan de esta forma y no me cabe duda de que es un sistema tan bueno como cualquier otro, también hay quien se empeña en ir a Santiago andando desde Perpignan, en recorrer Europa pedaleando o en hacer el mismo recorrido del París-Dakar andando y con alpargatas de esparto pero yo, ¿qué quieres que te diga? No sé explicarlo, sencillamente no es la forma en que me gusta ver el mundo y, ni puedo, ni quiero cambiar. Si lo hiciese como tú dices, seguramente todo marcharía bien hasta que antes o después algún cabrón motorizado me adelante con su cochino mono de cuero y la cara llena de mosquitos. A partir de ese momento no haría si no echar de menos a mi hierro y cagarme en la leche que mamé por no haberla llevado.
Supongo que quizás lo que me interesa no es conocer ese jodido país, si no más bien el hecho de recorrerlo en moto. Supongo que prefiero quedarme algo más cerca si hace falta, pero ir sobre dos ruedas. Supongo que al ver la luz de este mundo me escurrí de las manos de la comadrona y me di un golpe con los barrotes de la cuna, y que por eso me empeño en tragar carreteras con el saco de dormir en las alforjas, sin un puto duro, en vez de pegarme quince días en un bonito apartamento en la playa y bajando todos los días al chiringuito. Como dijo El Lagartijo: “Ca’ uno es ca’ uno”, y supongo que a mí me ha tocado ser así. De todas formas, explicártelo no va a servir de nada. Ni tú vas ha llegar a comprenderme, ni yo voy a adelantar nada con conseguirlo, así que mejor lo dejamos y que cada uno se lo monte como pueda.

Transcripción literal de la conversación mantenida con “El Gálvez”, compañero del curro, entre las 11:15 y las 11:47 am., mientras nos fumábamos un cigarro escondidos en el cuarto de las limpiadoras, una mañana cualquiera de trabajo.
MATEO

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