La “edad del pavo” del motorista


Aunque el caso que os relato a continuación, puede ser válido tanto para un motorista como para otro tipo de conductor, los usuarios de las dos ruedas tienen otros factores de riesgo adicionales que surgen cuando, sin tener todavía la suficiente experiencia, nos empezamos a creer Valentino Rossi.

Recién obtenido el carné, nos toca la difícil tarea de aprender a conducir (Josep me matará por lo que acabo de decir). Los primeros kilómetros nos lo tomaremos con calma, seguro. Las sensaciones son nuevas, a veces el coche también. Todo lo hemos de tratar con cuidado, incluso a nosotros mismos.

Pero con el paso de los meses, iremos cogiendo confianza, hasta llegar a un punto que “pensaremos” que el resto de los usuarios de la vía no saben conducir, que somos unos genios y hemos nacido para esto, porque somos capaces de “coser” entre el tráfico y, por carretera, son todos unos lentos.

En el mejor de los casos, nos llevaremos algún susto. En el peor de los casos, tendremos un accidente. El problema viene en el momento que algunos conductores creen que se han convertido en “pilotos”, capaces de rodar al mismo ritmo que otros con miles de kilómetros de experiencia.

A los moteros, si algo nos diferencia, es que solemos salir en grupo. Y esto equivale a que el riesgo aumente. Uno puede estar circulando a un sesenta por ciento de sus posibilidades mientras que el que circula detrás, puede estar conduciendo por encima de las de él y de las de su motocicleta.

Se suele decir, a modo de broma, que si el de delante toma la curva a cierta velocidad, el de detrás también lo hará. Esta teoría puede llegar a ser falsa. El pilotar una moto (y digo pilotar desde el punto de vista de que es mucho más físico que un coche), incorpora el factor miedo. Nuestro cuerpo nos marcará unos límites, de velocidad de paso por curva, de referencia de frenada, grados de inclinación, etc. Si llegamos a nuestro límite, seguramente incurriremos en acciones que aumentarán el peligro y las posibilidades de accidente: frenaremos inclinados, levantaremos la moto, aceleraremos antes de tiempo, etc.

Estas situaciones suelen presentarse a partir de los 2.000 o 3.000 kilómetros, vamos, cuando todavía somos unos pollitos intentando emprender el vuelo desde el nido. Y en un árbol, el suelo está lejano, y en una carretera, el asfalto muy duro.

Editado en http://www.circulaseguro.com

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