Harley-Davidson VRSCDX Night Rod Special, la prueba (2/4)


Los primeros metros los hago con mucha precaución. Digamos que estoy acostumbrado a una supermotard de poco más de cien kilos y ahora mismo gobierno una Harley-Davidson de más de trescientos kilos y con 1.715 milímetros entre ejes. Imaginaros si es larga, que una Yamaha Fazer, por ejemplo, sólo tiene 1.440 milímetros.

Las maniobras a baja velocidad requieren llevar los pies cerca del suelo, no porque no podamos girar, sino más bien por precaución. A medida que ganamos velocidad, ganamos en estabilidad. A poco más de veinte kilómetros por hora no apreciamos reacciones extrañas. Un par de marchas hacia arriba y ninguna vibración, ni en manos ni en pies. A punta de gas, el motor apenas emite un silbido mientras circulamos. Podemos ir perfectamente en quinta a cincuenta kilómetros por hora y el motor irá completamente redondo. Circulando entre calles, podremos girar a baja velocidad sin apretar el embrague pues el motor nos permitirá dejarnos caer hasta 15 kilómetros por hora sin quejarse.

La carretera se va abriendo y decido darle un poco más de vida al motor. ¿De verdad moverán correctamente todo este peso los 120 caballos? Pues si, vaya si los mueve. Esta Harley-Davidson es un verdadero demonio acelerando. El puño acelerador dispone de dos recorridos diferenciados: uno más blando en los primeros grados, ideal para rodar relajado y por ciudad. La segunda parte, más dura (dispone de regulación de dureza en el puño), nos deleitará, no con una patada en nuestros cuartos traseros, sino con un empujón digno de un placaje de rugby. Acelera y acelera, completamente lineal, con una facilidad pasmosa.

El motor es capaz de subir hasta 9.000 vueltas, entregando los 123 caballos un poco por encima de los 8.000. Pero lo mejor está entre las 4.000 vueltas y las 7.000, dónde el motor lo da prácticamente todo. Si aceleras con contundencia en segunda, antes de llegar tan arriba en el tacómetro, ya habrás empezado a perder algún punto del carnet.

Pero como no todo en esta vida es acelerar, y el norte de España no destaca precisamente por sus rectas, hay que detenerla para afrontar la curva. Dice un buen amigo mío, que al colegio y a las curvas hay que ir con los deberes hechos, y la Night Rod te lo exige más que ninguna. Aprovechamos el freno motor para adecuar la marcha a la curva, ayudados por el embrague anti-rebote que monta de serie y evita que nos tengamos que preocupar de modular el embrague. Tocamos el freno trasero y empezamos a disminuir la velocidad. El delantero, como acompañamiento, funciona correctamente incluso aplicando un solo dedo a la maneta. Y además, como lleva ABS no tendremos problemas en condiciones de firme deslizante.

Toca tirar de manillar y pisar fuerte en la estribera de dentro para que entremos en la curva. Esta hecha para ir recta, así que casi hay que mandarle una citación para la curva. Eso si, una vez apoyada, mantiene la trazada que le hayas marcado sin problemas, a no ser que seas de los que duda. Entonces te costará Dios y ayuda mandarla ir por otro lado. No está preparada para tipos dudosos. Enderezamos y volvemos a salir catapultados hacia delante. ¡Esta moto es un demonio! Eso si, la distancia al suelo es justa, y rozarás con las estriberas a poco que aumentes el ritmo.

Fuente:http://www.moto22.com/

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